Proliferación de información falsa en los medios de comunicación masivos. Foto: Memyselfaneye.
Proliferación de información falsa en los medios de comunicación masivos. Foto: Memyselfaneye.

Desafortunadamente, no solo el coronavirus se ha expandido a nivel mundial, sino también la desinformación, pues, durante la emergencia sanitaria, se ha evidenciado una circulación masiva de información falsa (popularmente llamadas “fake news).

Esto ha provocado mayor inestabilidad de la que ya existe en la población, donde el periodismo de investigación enfrenta grandes retos, puesto que, existe una lucha contra la represión de los gobiernos y una latente infoxicación.

La Organización Mundial de la Salud ha determinado que esta desinformación se ha convertido en la segunda enfermedad después del COVID-19, debido a que existe una sobreabundancia de información, lo que impide diferenciar las noticias verdaderas de las falsas, causando desorientación y confusión en las personas.

Según António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, “nuestro enemigo es también el creciente aumento de la desinformación”.

Por esta razón, el periodismo es fundamental para proporcionar información fidedigna y veraz en medio de la crisis; sin la labor del periodista difícilmente se podrá combatir la desenfrenada distribución de las noticias falsas, de las cuales se pueden reconocer dos tipos: las que son creadas con intención maliciosa y las que son difundidas sin malas intenciones.

No obstante, en el entorno del COVID-19 las consecuencias pueden ser mortales en ambos casos, donde la pandemia y la desinformación se apoderan de la humanidad.

Parte importante de esta desinfodemia también la constituyen los discursos que fomentan el odio, el racismo y la xenofobia, debido a que estas noticias falsas van acompañadas también de contenido emocional, lo cual afectar la salud mental de quien consume estas noticias.

Tal es el caso de los cientos de mensajes que circulan en la red donde la mayoría de las personas suelen culpar a China, sus ciudadanos y en sí al continente asiático de la generación y expansión del virus que ha alcanzado a gran parte de la población mundial.

A pesar de que este tipo de información es poco confiable, lamentablemente varias personas replican la misma sin antes verificarla, esto dado que existe una notable ausencia de educación mediática.

La desinformación es igual de peligrosa que la pandemia. Fuente: El Cronista.

De esta manera que se menciona que la desinfodemia puede incluso llegar a ser mucho más peligrosa que la propia pandemia, pues, la cantidad de información falsa que circula en las redes provoca paranoia en la ciudadanía. 

En este contexto, los medios de comunicación tradicionales suelen difundir información en base a sus intereses, siguiendo en muchas ocasiones el hilo de la información gubernamental, convirtiéndose en voceros del pensamiento oficialista, lo que incrementa su audiencia, dejando de lado la ética periodística e ignorando la verdad de lo que acontece realmente.

Todo lo contrario ocurre con los medios alternativos, donde se difunde otro tipo de información que, por una parte pone en tela de duda lo expuesto por los medios tradicionales, difundiendo lo que verdaderamente sucede, y por otra suele ser el foco de las fake news.

Es precisamente ahí, donde juega un papel importante el periodismo de investigación, indagando a profundidad diversos temas de interés general, sacando a la luz información que ha sido censurada, donde los corresponsales no temen a las represiones y ejercen el periodismo como se debe, exponiendo sus propias vidas por mostrar la verdad.

Ante el riesgo que supone seguir informando con la verdad, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha hecho un pedido especial que se basa principalmente en la protección a los periodistas, acción aplaudida por varios profesionales de esta área alrededor del mundo, quienes tienen la obligación de informar oportunamente a la ciudadanía.

Durante esta crisis que ha afectado físicamente, pero sobre todo mentalmente a la humanidad, es esencial luchar por defender los derechos humanos, incluida la libertad de expresión, la accesibilidad a la información y a la privacidad.

Por lo tanto, se necesita más información como fundamento del conocimiento, donde, la alfabetización mediática en escuelas, colegios y universidades se convierta en una prioridad, de esta forma, los individuos desarrollarán un pensamiento crítico y analítico, indispensable en  la  lucha contra la desinfodemia.

Colaboradores: David Chávez, Alan Chávez, Andrés Silva, Dayana Solís.

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