El coronavirus es una realidad latente en los cinco continentes del planeta, donde varios individuos se encuentran sumergidos en una gran crisis económica, los dirigentes políticos no hallan la forma para controlar a sus gobernados y estos, a su vez, no comprenden la gravedad de la pandemia más fuerte que se enfrena en el siglo XXI, misma que ha cobrado hasta el momento, alrededor de 312.000 vidas a nivel mundial, todo esto sumado al aislamiento e individualismo que produce el virus, tal como lo afirma Byung-Chul Han, pues las personas se preocupan por su propio bienestar y supervivencia.

Dicha pandemia, no solamente afecta y desestabiliza la economía mundial, sino que también impacta a otros ámbitos donde Noam Chomsky saca a relucir 3 ejes: el desconocimiento de cifras en cuanto a casos confirmados, el ataque neoliberal a los hospitales y por último el fracaso del mercado para responder a la covid-19. Todo lo que he mencionado anteriormente sin duda son problemas graves y significativos, pero a la par nos enfrentamos a un sistema educativo que no estaba para nada preparado y que trata de adaptarse a la nueva normalidad con muchas contrariedades de por medio, puesto que la opción más acertada en estos momentos para continuar con el aprendizaje, son las clases a distancia, donde se utilizan varias aplicaciones o plataformas virtuales, para que los estudiantes, de distintos niveles, continúen adquiriendo conocimiento, sin embargo las brechas digitales que azotan a Ecuador, dificultan este proceso.

Hace un año atrás, los resultados de estudios sobre Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), arrojaba que el 79% de los ecuatorianos tenían acceso a Internet, no obstante, un año después y ante la repentina inserción de este virus en nuestra cotidianidad, parece ser que estos datos no eran del todo ciertos, pues el problema de varios estudiantes es, precisamente, el acceso a la red desde la comodidad de sus hogares.

En este panorama, las zonas urbanas son, supuestamente las más beneficiadas, donde los estudiantes logran captar una mejor señal de Internet o tienen a su alcance dispositivos tecnológicos, sin embargo, las estadísticas muestran lo contrario, al parecer solamente el 24% de hogares que tienen acceso a Internet, poseen ordenadores. Una realidad completamente distinta es la que se vive en las zonas rurales, donde tan sólo el 16% de los individuos tienen acceso a Internet y de ellos, el 8% poseen computadoras en casa.

A pesar de que esta modalidad de estudios no es nueva, para los que se tienen que adaptar, es un tanto caótica y por lo que se ha analizado, no comienza dentro de condiciones óptimas y la brecha digital que prima es la de acceso, pues no todos los estudiantes tienen la suerte de tener cerca una computadora, un teléfono celular o acceso a la red, para poder recibir clases desde sus domicilios, de hecho en los últimos meses , varios internautas leyeron u observaron videos por medio de redes sociales, donde se muestra la situación que tienen que atravesar diversos estudiantes, de Ecuador y del mundo, que tienen que caminar por horas para poder recibir clases virtuales, porque a sus residencias no llega la señal de Internet.

Ante esto, también surgen más problemáticas, pues algunos padres de familia son analfabetos, los docentes no encuentran la forma más eficaz de interactuar con los estudiantes por las conferencias virtuales, existen problemas de conexión en medio de la clase, los temas tratados no son del todo comprendidos, entre otras situaciones de este tipo.

Slavoj Žižek en su libro “Pandemia”, menciona varios puntos claves en torno al contexto en el que nos encontramos en los actuales momentos, donde recalca que todos estamos en el mismo barco, sufriendo las condiciones del coronavirus, actuando en pro de una misma causa, argumento que se podría analizar desde muchos puntos, pues considero que todos nos encontramos en el mismo mar, y en lo que a educación respecta, el porcentaje de estudiantes que tienen dispositivos y acceso a la red son los que navegan sobre este mar en un cómodo barco, los que se hallan en una pequeña lancha son aquellos que poseen dispositivos, pero no acceso y finalmente los que no tienen una embarcación, tan solo un salvavidas, vendrían a ser los alumnos que no poseen ninguno de los dos elementos y tienen que buscar la manera adecuada de sobrevivir, o más bien dicho, de autoeducarse en la actualidad. Así también el autor menciona que, no debemos volver a la “normalidad” como
varios individuos lo vociferan, sino más bien debemos comenzar una nueva etapa, donde todo mejore y trasformemos varios ámbitos de la vida diaria.

Específicamente en el ámbito educativo, esta pandemia nos brinda una oportunidad enorme para repensar la metodología con la cual se ha manejado el sistema, pues se requieren de nuevas modalidades y adaptaciones, apoyo por parte del Gobierno central, para que dejen de existir estas brechas que afectan al aprendizaje de los estudiantes, puesto que la educación es la herramienta más poderosa para cambiar el mundo y nadie debe dejar de instruirse por ningún motivo.

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