Diablada Pillareña, fiesta tradicional del cantón. Foto: Jorge Pérez
Diablada Pillareña, fiesta tradicional del cantón. Foto: Jorge Pérez

Ecuador, es un país biodiverso, donde cada rincón está lleno de tradición, riqueza cultural y un gran repertorio gastronómico, mismo que identifica a cada uno de los pueblos del país, tal es el caso de la tierra donde nació Rumiñahui: Píllaro, un cantón ubicado en la provincia de Tungurahua.

Este lugar es reconocido a nivel nacional e internacional por la Diablada Pillareña que se celebra todos los años, en los primeros días de enero; sin embargo, varias personas no conocen los platos típicos que ofrece el lugar, por esta razón vamos a averiguar un poco más sobre las delicias propias del cantón.

En sus dos parroquias urbanas y siete rurales, existen platos que, si bien se pueden probar en otros rincones de la patria, en Píllaro tienen una sazón diferente, lo cual los caracteriza y hace que propios y extraños degusten y regresen al lugar por estos, y al mismo tiempo se fomenta al incremento del turismo.

El repertorio gastronómico de Píllaro es variado, sin embargo, los platillos que más destacan en el cantón son: pato al lodo, truchas de Quillán, yaguarlocro y caldo de morcilla, los cuales prometen deleitar el paladar de las personas.

Pato al lodo

Presentación final del pato al lodo. Foto: Delicias de la Pacha Mama.

Es platillo ancestral y proviene de la cultura de los panzaleos, uno de los pueblos indígenas del Ecuador, mismos que se asentaron en una parte de Tungurahua, específicamente en los páramos de Píllaro, donde sus pobladores se alimentaban, principalmente, con dos animales: venados y patos, mismos que eran cocinados con barro.

Siguiendo este tipo de alimentación de los panzaleos, uno de los lugares que promociona gastronomía ancestral con productos orgánicos, es el paradero Delicias de la Pacha Mama, ubicado en el barrio San Vicente, vía a la parroquia San Miguelito, sitio al que acuden un sinnúmero de personas para degustar del pato al lodo, mismo que tiene un sabor inigualable, aunque su preparación no es nada común.

Ángel Amores y Norma Ibarra son los propietarios del lugar, quienes poseen un criadero de patos, mismos tienen una buena dieta, pues se nutren con morocho y alfalfa; dichos animales son los que sirven de alimento para varias personas de la localidad, de otras ciudades del país y también del mundo.

Por otra parte, el barro que utilizan para sazonar los patos, proviene de los páramos de Píllaro, para ser exactos del área de amortiguamiento del Parque Nacional Llanganates. Sin embargo, Ángel asegura que para poder sacar este platillo al mercado fueron necesarios dos años de intensa investigación, donde enviaron el barro a un laboratorio para determinar si es beneficioso o maligno para la salud. Una vez que los resultados no arrojaron resultados negativos para la salud, Ángel y Norma comenzaron con su negocio.

La preparación del platillo sorprende a muchos, puesto que se coloca sobre una lata de aluminio una cantidad de barro mezclado con agua, formando de esta manera el mencionado lodo, encima de esto se coloca al pato, mismo que debe estar sin vísceras, patas, ni cabeza, lavado con agua y limón, sin ningún tipo de condimento y con plumas.

El hecho de que el pato lleve las plumas durante el procedimiento, es por cuestiones de protección a la carne, para que esta evite el contacto con el barro y no se le coloca ningún tipo de condimento debido a que el principal sazonador es el lodo, mismo que posee gran cantidad de sales y minerales.

Una vez que se envuelve al pato en medio del lodo, se lo lleva al horno, donde debe permanecer de 4 a 6 horas, por cuestiones de cocción; finalizado este tiempo Norma, lleva el pato a la cocina, donde cuidadosamente, despeja el lodo y las plumas de la carne y a la vez nos cometa, que esta parte es la más laboriosa de todo el proceso, puesto que se tiene que evitar que la carne se ensucie con el lodo. Una vez que la carne de pato queda libre del lodo, se lo sirve con lechugas, papas cocinadas en salsa de zambo, pepinillos y tomates.

Truchas de Quillán

Diferentes presentaciones de las truchas de Quillán. Foto: Roberto Chávez.

Las truchas fueron introducidas en Ecuador, alrededor del siglo XIX, mismas que suelen encontrarse en aguas frías y que se alojan en Píllaro, hace una década, con el objetivo de incrementar la actividad turística del sector; dicha especie de pez posee una gran cantidad de proteínas beneficiosas para la salud entre ellas: fósforo, omega 3 y 6 y hierro.

Así pues, arribamos a la comunidad de Quillán La Playa, ubicada en la parroquia San Miguelito, donde se encuentra la Quinta Turística María Soledad, sitio en el que además de disfrutar de paisajes naturales y de una caminata por senderos ecológicos, las personas pueden degustar de una deliciosa trucha, misma que la obtienen en una pesca deportiva, para después servirse de alimento.

Dicha Quinta Turística es un negocio familiar, donde los propietarios son tres hermanos, en esta oportunidad Sandra Chiluisa, quien es una de las dueñas y a la vez labora como chef, nos comenta que la trucha del lugar es muy apetecida por personas del cantón, así como por turistas, quienes tienen la posibilidad de elegir la forma en la que desean servirse la trucha, ya sea: a la brasa, frita, al ajillo, asada, ahumada o en maito (trucha envuelta en hoja de plátano).

La preparación de la trucha, como cualquier otro platillo, lleva consigo un proceso, en primer lugar, se debe lavarla con abundante agua e inmediatamente comenzar a extraerle las escamas y las vísceras, posterior a ello, se le realizan ciertos cortes en la carne, con el objetivo de que, al momento de colocar los respectivos aliños, éstos sazones de mejor manera a la trucha.

Una vez que la trucha está aliñada, se la lleva al carbón, al sartén o a la olla, depende de la forma de cocción que ha elegido la persona; cuando la trucha esté lista para ser puesta en el plato, se la acompaña con una porción de arroz, patacones o papas fritas, ensalada de lechuga con tomate y trozos de aguacates y limones.

Yaguarlocro

Yahuarlocro emplatado. Foto: Patricio Vimos.

El yahuarlocro también forma parte de las delicias del cantón, es un plato ancestral, propio de la serranía del Ecuador, que preparaban los indígenas para su alimentación. La palabra “yahuarlocro” tiene sus orígenes en el kichwa, donde yaguar es sangre y lugrun significa locro o sopa, teniendo como resultado sopa de sangre o locro de sangre.

En efecto, uno de los aderezos de dicho locro es la sangre proveniente, en la mayoría de los casos, de un borrego, al cual también se le extraen las vísceras, mismos que se conjugan en un locro, conquistando varios paladares de propios y extraños.

La preparación de dicho locro, no es nada fácil, puesto que conlleva un gran trabajo; en primer lugar, se debe lavar correctamente el menudo del borrego con abundante agua y después en jugo de limón mezclado con hierba buena, una vez que esté completamente limpio se lo coloca en una olla de presión con agua y se lo cocina hasta que esté completamente suave.

Cuando la carne ya no está dura, se extrae las vísceras y la panza, mismas que son cortadas de manera circular y rectangular respectivamente, seguido a esto se realiza un sofrito que lleva orégano, cebolla blanca, comino, pimiento, ajo, aceite y se el incorpora las papas picadas frías y el maní disuelto en leche.

Toda esta mezcla, se la tapa y se la deja hervir en un aproximado de 20 minutos, una vez que finaliza el tiempo se coloca todo esto encima del agua que había cocinado al menudo, donde se debe esperar que las papas alcancen su punto de cocción e inmediatamente se sirve el locro en un plato sopero y en otro recipiente se coloca la sangre frita, misma que acompaña a esta delicia gastronómica.

Félix Bonilla, es uno de los consumidores frecuentes del yahuarlocro, mismo que lo degusta en el mercado del cantón y asegura le proporciona vitalidad y fuerza, puesto que el nivel proteico del locro es alto, el sabor exquisito y las personas que atienden los puestos de comida son amables con los clientes.

Caldo de morcilla

Caldo de morcilla emplatado. Fuente: Turismo Ecuador.

Ya para finalizar el recorrido gastronómico de Píllaro, no podíamos olvidarnos del tradicional caldo de morcilla, mismo que no es originario del continente, pero al llegar a Sudamérica, su consumo se fue frecuente entre personas de distintas clases sociales y en el cantón, es uno de los platos más apetecidos.

La morcilla, es una víscera que proviene del borrego, misma que posee varios nutrientes beneficiosos para la salud, pero que debe consumirse con moderación; además es útil para las personas que están pasando la embriaguez.

La preparación de dicho platillo es el diario vivir de varias de las personas que trabajan en el mercado de Píllaro, mismas que se encargan de lavar la morcilla con agua, y después frotan en el interior harina y sal por 15 minutos, transcurrido este tiempo se lo lava nuevamente.

Posterior a ello, se tiene que realizar un refrito con cebolla blanca, achiote, sal y encima de esto colocar la morcilla anteriormente lavada en una olla con tres litros de agua durante 3 horas.

Por otro lado, para el relleno de la morcilla se debe colocar arroz y huevo cocinados (éste último debe ir en trozos) y también sal. Para servir en los platos soperos se coloca el caldo, las morcillas rellenas y también un acompañado de aguacate, cebollas, tomate y cilantro en picadillo.

A pesar de que Píllaro cuenta con un gran repertorio gastronómico, no es conocido por varias personas, quienes piensan que en el cantón solo existe la Diablada Pillareña, sin embargo, los platillos que ofrece el lugar, tienen historia y tradición, de lo cual sus pobladores se encuentran orgullosos. Además, la gastronomía del lugar es una forma de atraer el turismo e incrementar la economía, la cual invita a personas del país y a nivel mundial, a deleitar sus paladares con nuevos sabores y a percibir la calidez de las personas.

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